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domingo, junio 20, 2010

Galeano y otros ‘progres’ del montón




El autor es Wálter I. Vargas


El famoso Oliver Stone estuvo por estos lares presentando su última película, y cosechó no pocos aplausos y alguna que otra pulla. Luego se fue como las nubes cuando las bate el viento. Stone es el típico progre norteamericano, tan o más ignorante de la realidad latinoamericana que los periodistas que muestra en su film. Enojó a los paraguayos, por ejemplo, sorprendiéndose de que tengan una casa de gobierno tan grande, siendo tan pobres.
Alguien ha atribuido su conversión hacia los "gobiernos progresistas" como una estrategia para recuperar pérdidas sufridas por su última producción cinematográfica. Si es así, ha acertado. El socialismo del s. XXI es una marca que da réditos, un nicho de mercado no poco apetecido por multitud de intelectuales ex comunistas, curas socialistas, ex guerrilleros, terroristas reeducados, liberales norteamericanos, etc., etc.
Otro de estos últimos es el célebre Noam Chomsky. Como ha señalado Peter Schweiser, Chomsky es una verdadera firma transnacional especializada en la venta de información anticapitalista. Basta que su nombre aparezca en la tapa de un libro para que millones de lectores acudan a sus páginas para recibir el correspondiente esclarecimiento respecto de alguna última canallada del imperialismo. Tiene hasta un "entrevistador", un tal David Barsamian, que se encarga, no de preguntar, menos de cuestionar algo que diga el maestro, sino de plantear temas y a continuación asentir todo lo que dice el sabelotodo.
Y con este burdo método salen uno y otro libro de la industria Chomsky. Otro rubro al que se dedica esta fábrica son las conferencias, que pronuncia por decenas cada año y por cada una de las cuales Chomsky cobra la friolera de 12.000 dólares.
Schweiser ha contado también que Noam había puesto en fideicomiso perpetuo sus derechos de propiedad intelectual, con lo cual ha recordado una de las principales características de estos ideólogos socialistas: que exigen la expropiación de los bienes de otros, pero son celosos custodios de sus propios patrimonios.
Eso en cuanto a los progres del Norte, porque los del Sur tampoco se quedan atrás. Pongamos el caso de Eduardo Galeano. Como su compatriota Mario Benedetti (que en toda su santa simplicidad llegó a decir que la revolución cubana era una empresa poética) viene dando década tras década rienda suelta a su sentimentalismo y a su humor q'aima en libros pretendidamente ingeniosos. Galeano perora interminablemente contra las transnacionales, pero no se hace problema para aportar su granito de arena a Amazon.com, la gran empresa on line de productos culturales.
Es que actualmente la mejor manera de vender más y a buen precio es por la red, y quien no lo hace está fuera del mercado (en el mundo desa- rrollado, por supuesto, porque, ¿a quién le importa el mercado de los pobres, que no pueden comprar por internet?). Es así que Las venas abiertas de América Latina, ese manual hecho de medias verdades, exageraciones y sutiles omisiones para convencer al lector que la historia de Latinoamérica es un verdadero martirio por culpa de EEUU, ese librito se vende en Amazon a $us 36.
“Las venas…” es un libro no sólo cuestionable sino viejo. Pero el genial marketinero Hugo Chávez consiguió que pasara del puesto cinco mil y tantos al puesto número dos en la lista de Amazon, al entregarlo a Obama en una reunión de presidentes hace un tiempo. Proezas que permite el malvado mundo capitalista.
A todos nuestros progres les gusta mostrarse socialistas y solidarios desde distintos puntos del planeta en la sala VIP de un aeropuerto, a la espera de la próxima conferencia antiimperialista. Difícilmente el gran público podrá evidenciar detrás de sus sonrisas lo que verdaderamente son: extraordinarios actores de una ideología en ruinas cómodamente instalados en el mundo capitalista, al que dicen odiar pero en el que se desenvuelven como el más pícaro de los corredores de bolsa.
Sin embargo, de vez en vez algunos sorprenden con una sinceridad brutal que desconcierta. A García Marquez le preguntaron una vez por qué no se iba a vivir a Cuba, ya que tanto insistía en sus virtudes como sociedad alternativa al infierno capitalista, y respondió que lo haría si no fuera que no puede vivir sin la suficiente información. La bonhomía del novelista colombiano, ¿servirá un poquito para que la gente deje de engañarse tan fácilmente?

viernes, enero 23, 2009

Hacia el socialismo del siglo XXI


Después de la caída de la caída del Muro de Berlín y la desintegración de la URSS, el socialismo todavía ha intentado permanecer vigente en el discurso y la historia actual. Hugo Chávez, presidente de Venezuela, se ha encargado de difundir el concepto de Socialismo del Siglo XXI (acuñado por Heinz Dieterich Steffan en 1996) para justificar su “revolución bolivariana” como paso previo al tal socialismo. Dicen que no hay mejor maestra que la experiencia, y por esto quiero citar un par de ejemplos de los socialismos que nos tocaron vivir al comenzar este siglo.

Quizás uno de los más conocidos fue el de Sadam Husein; religiosamente laico, políticamente nacionalista y socialista. Husein, de familia campesina, recién alfabetizado a los diez años, formado dentro del rechazo al colonialismo británico, se convirtió en el hombre fuerte del Partido Árabe Socialista Baaz. Gobernó Irak durante veinticuatro años, desde 1979 hasta 2003. Pese a su actitud dictatorial, el pueblo lo consideraba un auténtico líder. Sus odios y pasiones, además de su espíritu pragmático lo llevaron a perseguir y eliminar a sus opositores políticos y religiosos, a provocar más de un millón de muertos en los ocho años de guerra con Irán y a invadir Kuwait, entre otros hechos. Juzgado por crímenes contra la humanidad, se lo acusaba de la muerte de más de un centenar de chiítas, Husein terminó sentenciado y ejecutado en una horca en diciembre de 2006.

En el continente europeo, tenemos el ejemplo de Slobodan Milosevic, presidente de Serbia de 1989 a 1997, y presidente de Yugoslavia desde 1997 hasta 2000. Miembro del Partido Comunista de Serbia, comenzó su carrera política en 1983 cuando fue elegido miembro del Presidium del Comité Central de dicho partido, seis años después era elegido Presidente de la República Yugoslava de Serbia. Mientras el comunismo iba perdiendo fuerza, y el nacionalismo la ganaba, Milosevic se pasó al socialismo, impulsando la afirmación de la identidad serbia frente a las minorías. Durante su gobierno, se cambió la constitución para otorgar mayor poder a su persona en calidad de Presidente, esto y los conflictos étnicos, políticos y religiosos condenaron a la República Socialista de Yugoslavia a la desintegración mediante tres conflictos bélicos conocidos como Guerras Yugoslavas. Milosevic también es conocido como El carnicero de los Balcanes por sus crímenes contra la humanidad, y los delitos de genocidio y limpieza étnica. En 2001 fue detenido a solicitud del tribunal de La Haya, estando preso y en pleno proceso judicial, fue encontrado muerto por causas naturales en su celda el año 2006.

No está demás recordar que el socialismo sumado a los sentimientos nacionalistas ha devenido, a lo largo de la historia, en gobiernos intolerantes y criminales. El ejemplo del Nacional Socialismo alemán liderado por Hitler es el más claro (valga recordar que el término fascismo les fue impuesto después y desde afuera para desvincularlos del régimen de Stalin); el nazismo fue socialista desde sus orígenes. En la historia de este siglo que comienza podemos encontrar otros ejemplos como el de Gadaffi en Libia, Lukashenko en Bielorusia o Castro en Cuba, que nos muestran la verdadera cara de eso que Hugo Chávez proclama como Socialismo del Siglo XXI.