De ese libro quiero copiar tan sólo unas líneas fuertes y desgarradoras:
viernes, enero 02, 2009
50 años de revolución
De ese libro quiero copiar tan sólo unas líneas fuertes y desgarradoras:
martes, noviembre 11, 2008
A ellos les debo mi desconfianza
Los prestatarios:
A todos nos ha pasado que alguna vez en la vida nos han pedido prestado algo, desde un libro hasta algo de efectivo. Por lo general, la mayoría de estas solicitudes se reducen a pequeñas cosas o ínfimas cantidades de dinero; pero son éstas ridiculeces las que casi nunca retornan a las manos de sus propietarios. Unas monedas para el pasaje porque no se tienen sueltos a la mano, un libro que promete ser devuelto en un par de semanas, un disco de música para hacer una copia, una película para verla el domingo con la familia, etcétera, etcétera; la cantidad de objetos perdidos en préstamos puede alargarse hasta el infinito. De estos prestatarios, algunos realmente olvidan devolver lo prestado; pero otros han hecho de estos pequeños pedidos una manera de hacerse cosas fácil y disimuladamente. Aunque no es la solución, cada vez presto menos y guardo mejor lo poco que tengo.
Los del cuento del tío:
Las horas pico son fatales para el tráfico; uno las sufre en carne propia cuando tiene que movilizarse por la ciudad, mientras otros las aprovechan para engañar. Dentro de un bus o micro alguien deja caer un montón de lápices y demás chucherías a la espera de una persona de buena voluntad. No pasa mucho tiempo sin que algún pasajero se comida a ayudar a la pobre persona en apuros. Entre ambos levantan todas las pertenencias, se miran, sonríen, se agradece y ya. Casi de inmediato, el individuo que ha hecho caer sus cosas baja de la movilidad; mientras que su colaborador comienza a buscarse la billetera en todos sus bolsillos. En el trajín de ayudar a recoger los objetos caídos le han robado. Ésta una de las tantas historias utilizadas para robar. Por eso, cada vez me detengo menos cuando voy por la calle y alguien me intenta hablar.
Los demagogos:
Siempre han existido, pero de un tiempo a esta parte los siento más cercanos. Se aferran a discursos incuestionables; pero siempre tienen intenciones escondidas. Mediante sus frases cliché y sus ideologías encorsetadas quieren manipular conciencias y ordeñar corazones. Viven de mentiras que intentan creérselas día a día. Imponen sus modelos a los demás porque se creen dueños de la verdad. Lo peor de todo es que se valen de otros, sobre todo de los menos favorecidos, para buscarse ellos mismos. Los demagogos se intentan erigir como modelos, jueces y dioses de un mundo construido por ellos a su medida. En lo último que piensan es en los demás, aunque sólo de ellos saben hablar. Así es que cada vez más, cuando escucho hablar a alguien en nombre de los pobres y oprimidos de la tierra, aguzo los sentidos y acelero el paso.
Frente a estas reacciones mías, he llegado a una conclusión: No es que me esté volviendo egoísta, indiferente o derechoso; sucede simplemente que me estoy cansando de que me vean la cara de ingenuo y me tomen el pelo.
lunes, junio 16, 2008
La quinceañera del presidente
Señor Presidente, ¿qué pasó con esos comentarios que hizo a cierta revista internacional y fueron publicados por uno de los diarios el pasado fin de semana? Me alegra, y me alivia, saber que usted no quiere eternizarse en la presidencia de Bolivia; pero eso de que quiera acabar su gestión con su katu de coca, su quinceañera y su charango es otra cosa. Por lo del charango creo que nadie se hace problema; lo del katu de coca es discutible; pero lo de la quinceañera, además de pésima ocurrencia, es una afirmación inadmisible, sobretodo cuando viene del primer ciudadano del país. Una muchacha de quince años es una menor de edad; la relación con ella no sólo es ilegal sino inmoral.
Dicúlpeme señor Presidente, pero no sé cómo entender esa frase. ¿En sentido metafórico?, no sabría decir de qué. ¿De la actitud donjuanesca de su Excelencia? En éstos y en aquellos tiempos, don Juan es una representación de la figura del perverso, en el sentido más psicoanalítico del término, figura para nada plausible y menos ejemplar. ¿Sólo como una broma y nada más? No se la acepto ni siquiera como broma, y menos viniendo de usted en su calidad de mandatario de Estado. ¿Cómo otra de las frases que se le suelen escapar? No es la primera, y estoy seguro que tampoco será la última, de sus frases malaventuradas; pero ésta lastima sensibilidades y ofende dignidades. ¿Con qué cara lo verán desde ahora padres y madres de quinceañeras? ¿Cómo tendrían que reaccionar ante actitudes como las suyas? ¿Cómo se siente cuando va por el mundo hablando de dignidad, de Derechos Humanos, de igualdad, de responsabilidad? ¿Y cuándo plantea a los pueblos originarios, a los cuales usted dice representar, como reserva moral de la humanidad? ¿Se animaría a decir lo mismo en esos foros internacionales que usted frecuenta? Señor Presidente, creo que tiene que asumir, de una vez por todas, la responsabilidad que traen consigo los cargos que ejerce; y tiene que darse cuenta que usted y sus discursos representan, querámoslo o no, a todo un país, a nueve millones de personas.
¿Qué esperaba, señor Presidente? ¿Qué admiremos lo “macho” que es? No, el machismo ni es una virtud ni se aplaude. La sociedad ya está cansada del paradigma del “macho” golpeador de mujeres, reproductor irresponsable, mujeriego e infiel ¿Quería que reconozcamos como hazaña que usted, a sus 48 años, es capaz de conquistar una niña-adolescente de quince? A esas personas se suele llamar “viejos verdes”, y no crea que es un piropo y menos un parámetro para demostrar la hombría o la virilidad; con esas actitudes sólo se revelan inseguridades, miedos e inmadurez.
Y no es que quiera sentar cátedra y dar un baño de moralidad aprovechándome de una de sus frases para “darle palo” porque soy k`ara, fascista, oligarca, neoliberal y no sé qué otros fantasmas suyos. Es que me parece vergonzoso, como ciudadano boliviano, que el presidente del país, rostro visible del mismo, en su afán de popularidad, se mandé frases tan cínicas. Ya el machismo es una costumbre que debe erradicarse por todo el daño que le hace a nuestra sociedad; pero la pedofilia, por ilegal e inmoral, no debe ser admitida ni siquiera en el discurso coloquial. Creo que una disculpa ante su pueblo, sobre todo hacia las mujeres del mismo, está reclamando su urgencia.
lunes, abril 28, 2008
Los Marqueses de Orinoca
La historia de América Latina puebla su recuerdo con infinidad de nombres de gobernantes dignos de anecdotario: Manuel Rosas en Argentina; en Bolivia, Mariano Melgarejo; José Gaspar Rodríguez de Francia en Paraguay; en México, Porfirio Díaz; Leónidas Trujillo en la República Dominicana, entre otros muchos. Varios de estos personajes inspiraron grandes novelas latinoamericanas: Yo el Supremo de Augusto Roa Bastos, El recurso del Método de Alejo Carpentier, El señor Presidente de Miguel Ángel Asturias, Oficio de difuntos de Arturo Uslar Pietro, El dictador suicida de Augusto Céspedes, La fiesta del Chivo de Mario Vargas Llosa, La tempestad y la sombra de Néstor Taboada Terán y la magnífica El otoño del Patriarca de Gabriel García Márquez, por mencionar algunas. Esta última recoge la tradición del dictador latinoamericano (una suma de todas las figuras históricas) para ficcionalizarlas en un solo personaje. El mismo Gabo, en el discurso que pronunció cuando recibía el Premio Nóbel, admitía que estos seres rayaban las fronteras entre la realidad y la fantasía.
Sólo algunos ejemplos: Ulises Heureaux, dominicano, tenía en su gobierno a un general que lanzó un decreto prohibiendo escupir redondo y brillante porque una vez confundió el esputo con una moneda que intentó recoger. García Moreno, general ecuatoriano, fue velado con todas sus galas militares, sentado en su silla presidencial. Antonio López de Santana, mexicano, ordenó que se enterrara con honores su pierna derecha perdida en La Guerra de los Pasteles. De Mariano Melgarejo se cuenta que organizaba fiestas bacanales en Palacio de Gobierno, donde muchas veces el invitado principal era su caballo Holofernes; también se dice que en esas borracheras él y su caballo eran quienes mostraban mayor resistencia a los efectos del alcohol. Maximiliano Hernández, salvadoreño, inventó un péndulo para saber si los alimentos estaban envenenados. El actual presidente constitucional, Evo Morales, a quien Hugo Chávez declaraba enviado de Dios, también se trae lo suyo: además de la ceremonia en el Congreso, se inventó un rito de coronación, con atuendo estrafalario incluido, en la localidad de Tiwanaku. Y no se puede terminar este anecdotario sin incluir al tristemente célebre George “doble v” Busch, de quien rescatamos un par de frases, la primera viene de su política de asuntos exteriores: “La gran mayoría de nuestras importaciones vienen de fuera del país”; la segunda corresponde a su visión sobre el futuro: “Nosotros estamos preparados para cualquier imprevisto que pueda ocurrir o no”.
Ciertamente, estaríamos mejor sin ellos; pero ya que no podemos cambiar la historia por lo menos hagamos que ella nos arranque una sonrisa, para no llorar de rabia.
domingo, abril 13, 2008
Ícaro nos animó a volar
Ícaro, durante esa noche, cambió su traje griego por una bata blanca, su celda por una habitación de hospital, y a su padre, por un recién llegado casi inválido. Enfermo, con cuanta enfermedad es posible, Ícaro lleva varios años, más que internado, encerrado en un recinto sin puertas ni ventanas, sin ningún contacto con la realidad, custodiado por una colección de médicos despreocupados, enfermeras armadas de jeringas y monjas carceleras que sólo aparecen en la imaginación. De pronto, sacado de las butacas del público, Luis aparece en el escenario, de espectador a actor, tendido en la otra cama de la prisión, sin poder moverse, actuar ni pensar. Ícaro, con la capacidad de pasar de la ternura del niño a la tristeza del viejo, va ganando terreno en la vida y la mente del enfermo.
De prisión a prisión ha ido transcurriendo su vida, ahora Ícaro se queja de la nueva jaula que lo encierra. Llora porque no le dejan salir, porque vive con la nostalgia de la libertad, porque no puede volar. Luis, aparentemente tranquilo, desde su lecho de inválido, contempla y escucha a su compañero, mueve la cabeza y lanza algún monosílabo para responder.
Ícaro se acuerda de un amigo, aquél con el que se escapó de una prisión infantil, recuerda cómo se encontraron en el hospital y cómo planificaron repetir la hazaña. Se hicieron trajes de plumas, aprendieron a volar, planificaron la huida, detalle a detalle; pero el amigo de la infancia cayó enfermo, se debilitó y un día dejo de estar.
Para escaparse hay que hacerlo de a dos; de a uno, no tiene sentido. Ícaro anima a Luis a acompañarlo en la aventura, se compromete a enseñarle a volar. Hay un traje de plumas disponible y listo para usar. Ícaro, encerrado en el cubo de cemento, no se ha dejado vencer, ha pintado un sol para verlo nacer y caer a su disposición; la alegría de encontrar un compañero de fuga hace que vuelva a encender ese sol. Cargado con el amigo a las espaldas comienzan las lecciones: batir los brazos, planificar, hacerse al enfermo, secuestrar a una monja, disfrazarse de ella y escapar. El plan es perfecto, pero tienen que esperar que por algún motivo la monja se aparezca por ahí. Mientras esperan, sueñan, con volar, con encontrase en una plaza, con ser confundidos con ángeles, con comer pizza, con brindar por la libertad. La monja no llega, pero, sin darse cuenta, Luis se ha empezado a mover, camina, corre, salta, patalea... Ícaro le abre las puertas del armario, ahora convertidas en portal de libertad. Luis sale, se va, Ícaro ha conseguido enseñarle a volar.
Esa noche mágica el resto del público también se dejó llevar en brazos de Ícaro hacia el sueño de la libertad. Él nos animó a volar, a soñar, a imaginar, para que cuando no haya sol lo podamos pintar, para que cuando no podamos caminar aprendamos a volar, para que cuando nos encierren y no nos dejen salir sepamos descubrir las puertas hacia la libertad.
miércoles, marzo 26, 2008
Pinocho, el muñeco mentiroso
Como todo buen padre, Filipo inició a Pinocho en las artes de la oratoria y en el saber político, filosófico y religioso; la verdad es que el muñeco le salió medio rana, aprendió a hablar mucho y a decir poco. Con el tiempo, Pinocho resultó ser un niño díscolo, mentiroso y pendenciero. Se peleó con su padre y se escapó con unos malos amigos que le ofrecieron convertirlo en niño de verdad, aunque sus verdaderas intenciones eran las de transformarlo en un pobre burro para vender su carne, aprovechando la escasez de ésta en los mercados, a los comerciantes de hamburguesas y salchichas. Estos amigos hicieron creer a Pinocho que sería su líder, que junto a ellos conquistaría el mundo, la fama y los placeres.
El afán de poder, con sus hilos invisibles, comenzó a manejar a la marioneta. Envuelto en su fantasía, Pinocho se dedicó a la mentira y al engaño. Se burlaba de la gente del pueblo que en un principio lo había acogido con cariño; traicionó a muchos de sus antiguos conocidos; le importaban un bledo todas las reglas que conocía, trabó amistad con los malhechores de la comarca y terminó figurando en la lista negra del rey. La fama de sus faltas y delitos corría de pueblo en pueblo a viva voz. “Viejas chismosas, las haré callar”, amenazaba Pinocho, con el puño levantado agresivamente y la otra mano cuidando el bolsillo de la camisa. De tanto en tanto, la vocecilla de un grillo, que hacía las veces de conciencia, a falta de ella, se dejaba escuchar. A Pinocho esas cosas le tenían sin cuidado; a él sólo le importaba seguir fantaseando con su poder.
La mentira tiene patas cortas y la nariz muy larga; Pinocho no llegó muy lejos, sus maldades lo llevaron al aislamiento y la oscuridad. La marioneta se sentía sola e infeliz, se iba dando cuenta de que a sus compinches no les interesaba de verdad, ya ni siquiera sus juegos de pelota lo dejaban contento, el pueblo ya no soportaba su presencia y hasta Filipo lo rechazaba y hablaba mal de él.
Hasta ahí todas las versiones coinciden. Con afán pedagógico, para que los niños se vayan a la cama y duerman tranquilos, se cuenta que Pinocho se redime, reconoce su culpa y se hace bueno, en premio cumple su deseo de convertirse en niño de verdad. Pero, al parecer, otras son las versiones que manejan los adultos.
jueves, marzo 06, 2008
Todos a una: Fuente Ovejuna
En circunstancias diferentes, ya que ahora vivimos en pleno siglo XXI y bajo el marco de un Estado de Derecho, ciertos comportamientos no han cambiado. Las noticias de linchamientos llenan las páginas de los periódicos mientras las autoridades se lavan las manos y los verdugos se esconden en turbas y consignas.
Al grito de “justicia comunitaria” pobladores de la comunidad cochabambina de Epizana torturaron durante diez horas a tres policías. Mientras las víctimas pedían auxilio e imploraban por sus vidas sus verdugos los maniataban, los golpeaban con palos y piedras, y les echaban agua hervida hasta asesinarlos. Mientras tanto dos periodistas eran atemorizados bajo la misma amenaza. Todos a una: Fuente Ovejuna
Hace poco, un traidor jueves antidemocrático, dos congresistas, fueron agredidas por una turba envalentonada que decía defender la democracia bloqueando el ingreso al parlamento a toda persona que no comparta la visión del régimen gobernante. Escupidas, golpeadas e insultadas tuvieron que retirarse ante la distraída mirada policial. Todos a una: Fuente Ovejuna.
En el Chapare, el año pasado, un joven de 26 años, confundido con un ladrón, tuvo que soportar horas atado a un árbol lleno de hormigas; ahora tiene que cargar el daño neurológico y las secuelas renales. Cuatro presuntos delincuentes fueron quemados vivos dentro de un automóvil, El Alto, diciembre de 2007. En San Ignacio de Velasco, Santa Cruz, hace un mes y medio, dos personas fueron golpeadas y quemadas bajo la acusación de robo y asesinato; uno de ellos murió, el otro se halla en terapia intensiva. En junio de 2006, en la ciudad de El Alto, un hombre muere ahorcado por algunos vecinos que decían haberlo visto robar unas herramientas. Durante dos horas, un joven en San Julián, Santa Cruz, aguantó las piedras que le lanzaba la gente por haber robado una moto; murió lapidado. Una mujer fue enterrada viva, en Potosí, porque supuestamente había cometido adulterio. Todos a una: Fuente Ovejuna.
Éstos son alguno de los casos de linchamiento que se han venido presentando; en los últimos dos años ya suman cuarenta y ocho. Pocas veces la justicia ha llegado a esclarecer los hechos. Ya va siendo tiempo de actuar, de frenar actos violentos y delictivos que aprovechándose de algunas circunstancias dejan salir lo más bajo y cruel del ser humano; es tiempo de dejar de encubrir asesinatos y torturas bajo el rótulo de “justicia comunitaria” o como diablos quiera entendérsela. No vaya a ser que la violencia siga cobrando más y más víctimas; que esa violencia, que crece en escalada, vuelva a tomar las calles y repita un febrero, un octubre o un enero negro; y, peor aún, sigamos con la mala de costumbre de gritar todos a una: Fuente Ovejuna.
miércoles, febrero 20, 2008
La vida de los otros
En la antigua República Democrática Alemana (RDA), bajo el régimen comunista, se contaba con un departamento de policía secreta y de inteligencia: la STASI o Ministerio para la Seguridad del Estado. Esta institución estaba encargada de vigilar y supervisar las actividades políticas de los ciudadanos para detectar comportamientos subversivos o antirrevolucionarios. La STASI fue considerada uno de los sistemas de inteligencia más efectivos del mundo. Este organismo llegó a tener en sus filas a más de noventa mil espías y trescientos mil informantes civiles que se dedicaron a pinchar teléfonos, espiar la vida privada de los ciudadanos mediante micrófonos y cámaras ocultas, hacer seguimientos de personas consideradas “sospechosas”, etc.; todo un mecanismo de defensa de un régimen asustado, y de ataque a los derechos humanos y a las libertades civiles.
Este contexto sirve como telón de fondo para que el director alemán Florian Henckel-Donnersmarck lleve a las pantallas la película, ganadora del Oscar a la mejor extranjera, La vida de los otros. El capitán Wiesler recibe la misión de “observar” al dramaturgo Georg Dreyman y a su novia, la actriz Christa-Maria Sieland. El trabajo no es más que rutina, entrar al domicilio, revisar un poco, instalar micrófonos y cámaras, seguimiento por la calle, etc. El oficial va acompañando, por decirlo de alguna manera, la vida de la pareja, tanto en sus relaciones sociales como en las más íntimas. El trabajo comienza a convertirse en placer, las historias ajenas van haciéndose propias, la vida de los otros va robándole su propia vida. De un momento a otro lo cotidiano se altera, la relación con un escritor amigo apunta a la subversión, éste le pide a Dreyman que colabore con algún artículo, relacionado a los suicidios en la Alemania comunista, en un periódico opositor. El dramaturgo acepta.
Dentro de un Estado policía es difícil tener una opinión distinta a la oficial; más difícil aún es poder expresarla. Lo más simple se torna complejo, desde conseguir una máquina de escribir que no esté registrada, hasta lograr que el artículo escrito pueda atravesar la frontera para su publicación. El capitán alemán es testigo de todos estos hechos, pero curiosamente guarda silencio sobre ellos; los informes llegan alterados, en favor de vigilados, a las oficinas de la STASI.
Si bien no existen pruebas de la protección, y por tanto de la traición al Estado, que brinda Wiesler a sus vigilados; la sospecha está presente. En clave de tragedia la mujer de Dreyman, después de ser obligada a declarar en contra de su marido, muere en un accidente. El dramaturgo se queda sin su amada. El capitán termina su carrera de espía en los sótanos del Ministerio, husmeando en la correspondencia ajena.
Es cierto que el régimen no dura mucho tiempo más en el poder. La democracia, la caída del muro y la unificación de las dos alemanias son la prueba de ello. Pero también es cierto que la Stasi y sus mecanismos de espionaje se encargaron, directa o indirectamente, de arruinar la vida de miles ciudadanos. Más allá de lo ilegal de sus acciones, está el voyeurismo de su inconciente y la inmoralidad de su proceder.
En conclusión, podemos decir que espiar y ser espiado es un tema muy recurrente y muy a propósito no sólo en el cine.
viernes, enero 18, 2008
Un aplauso, por favor
sábado, septiembre 29, 2007
Y pensar que hemos evolucionado
Estas personas, sus historias y sus actos no figuran en ningún libro de ficción, tampoco los he inventado; me ha tocado vivir en su tiempo, junto a ellos.

