Mostrando entradas con la etiqueta esperanza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta esperanza. Mostrar todas las entradas

domingo, abril 13, 2008

Ícaro nos animó a volar


El miércoles 9 de abril se levantaron los telones de los teatros paceños. El FITAZ (Festival Internacional de Teatro de La Paz) se vino maquillado trayendo en el equipaje sombras, muñecos, máscaras y zapatos de clown. Días antes, en un pre-estreno, tuvimos la oportunidad de asistir a la puesta en escena de la obra Ícaro, a cargo de Daniel Finzi Pasca, actor, dramaturgo y director suizo, fundador del Teatro Sunil.

Ícaro, durante esa noche, cambió su traje griego por una bata blanca, su celda por una habitación de hospital, y a su padre, por un recién llegado casi inválido. Enfermo, con cuanta enfermedad es posible, Ícaro lleva varios años, más que internado, encerrado en un recinto sin puertas ni ventanas, sin ningún contacto con la realidad, custodiado por una colección de médicos despreocupados, enfermeras armadas de jeringas y monjas carceleras que sólo aparecen en la imaginación. De pronto, sacado de las butacas del público, Luis aparece en el escenario, de espectador a actor, tendido en la otra cama de la prisión, sin poder moverse, actuar ni pensar. Ícaro, con la capacidad de pasar de la ternura del niño a la tristeza del viejo, va ganando terreno en la vida y la mente del enfermo.

De prisión a prisión ha ido transcurriendo su vida, ahora Ícaro se queja de la nueva jaula que lo encierra. Llora porque no le dejan salir, porque vive con la nostalgia de la libertad, porque no puede volar. Luis, aparentemente tranquilo, desde su lecho de inválido, contempla y escucha a su compañero, mueve la cabeza y lanza algún monosílabo para responder.

Ícaro se acuerda de un amigo, aquél con el que se escapó de una prisión infantil, recuerda cómo se encontraron en el hospital y cómo planificaron repetir la hazaña. Se hicieron trajes de plumas, aprendieron a volar, planificaron la huida, detalle a detalle; pero el amigo de la infancia cayó enfermo, se debilitó y un día dejo de estar.

Para escaparse hay que hacerlo de a dos; de a uno, no tiene sentido. Ícaro anima a Luis a acompañarlo en la aventura, se compromete a enseñarle a volar. Hay un traje de plumas disponible y listo para usar. Ícaro, encerrado en el cubo de cemento, no se ha dejado vencer, ha pintado un sol para verlo nacer y caer a su disposición; la alegría de encontrar un compañero de fuga hace que vuelva a encender ese sol. Cargado con el amigo a las espaldas comienzan las lecciones: batir los brazos, planificar, hacerse al enfermo, secuestrar a una monja, disfrazarse de ella y escapar. El plan es perfecto, pero tienen que esperar que por algún motivo la monja se aparezca por ahí. Mientras esperan, sueñan, con volar, con encontrase en una plaza, con ser confundidos con ángeles, con comer pizza, con brindar por la libertad. La monja no llega, pero, sin darse cuenta, Luis se ha empezado a mover, camina, corre, salta, patalea... Ícaro le abre las puertas del armario, ahora convertidas en portal de libertad. Luis sale, se va, Ícaro ha conseguido enseñarle a volar.

Esa noche mágica el resto del público también se dejó llevar en brazos de Ícaro hacia el sueño de la libertad. Él nos animó a volar, a soñar, a imaginar, para que cuando no haya sol lo podamos pintar, para que cuando no podamos caminar aprendamos a volar, para que cuando nos encierren y no nos dejen salir sepamos descubrir las puertas hacia la libertad.

viernes, enero 18, 2008

Un aplauso, por favor


Apenas empezado el nuevo año, recuperándonos de la resaca de las últimas fiestas, de seguro ya nos estamos preparando para el carnaval. Convites por aquí y por allá; músicos y bailarines de ensayo en ensayo; modistas, costureros y bordadores con las agujas a cien por hora, infladores de globos preparando el negocio; acomodando las cervezas en el refrigerador para que estén frías en el momento justo. Pero, a veces, estos afanes hacen que pasemos de largo la transición de un año a otro, con el riesgo de que el tiempo se nos vaya sin la oportunidad de hacer algunos altos para reflexionar y proyectar nuestras vidas y nuestras historias. No queremos que esto nos pase, así que pondremos algunas líneas sobre este tiempo.


El Dosmilsiete se fue; y con él, sus hechos y muchos de sus personajes. Se retiró bastante cargadito, con sus cosas encima y algo humillado, se marchó casi sin decir nada; si algo nos queda de él, son los recuerdos. Entre éstos están los buenos y lo malos, los gratos y los ingratos; lamentablemente los malos y los ingratos, parece que se impusieron a los otros. Definitivamente no fue de los mejores años que hayamos tenido; su paso por la historia deja mucho que desear y pensar. Comenzamos el primer mes con enfrentamientos. De ahí para adelante fuimos testigos de la imposibilidad de dialogar. Los prefectos contra el gobierno. Racismo de uno y otro lado, con sus respectivas dosis de intolerancia y abuso. Muertos, personas cuyos fallecimientos se pudieron evitar. Sangre, luto y dolor. Unión Juvenil Cruceñista, Jóvenes por la Democracia, cocaleros, campesinos, movimientos sociales, ponchos rojos y sus perros degollados. Constituciones, pronunciamientos, cabildos y militares de por medio. Pandillas, inseguridad y linchamientos. Mayor violencia, agresividad y temor. Entre otros ésos son los recuerdos que se guardan del pasado año. Pero, pese a todo, el tiempo avanza y nosotros seguimos inmersos en la historia y en la realidad. La sabiduría popular dice que aquello que no mata, nos hace más fuertes. Ojalá hayamos aprendido la lección porque si no estaremos condenados a repetirla, una y otra vez. Lo bueno fue que al final de todo quedamos con mucha ilusión por el siguiente año y por lo que en él podríamos hacer. Por eso y por más, por las enseñanzas, por los tropiezos y sobre todo por la esperanza, despidamos el pasado año sin resentimientos.


Ahora, con todo el anterior año atrás, estamos en pleno Dosmilocho. Recibimos este año hace pocos días, con entusiasmo, con luces de colores, música y baile, con el ferviente deseo de que sea un buen año, de que nuestros proyectos se cumplan. Familia, salud, prosperidad, son las palabras que fuimos repitiendo constantemente a nivel personal; también pensamos en diálogo, tolerancia, paz, concertación. como deseos para nuestro país. Y empezamos bien, la sola posibilidad de encuentro entre el Presidente y los prefectos nos abre muchas puertas, nos hace pensar que no todo está perdido. Que ésta sea la actitud durante todo el año. Desde un escenario de diálogo y respeto podremos comenzar a trabajar los otros temas que tanto nos urgen y a veces nos desesperan. Ánimo con el nuevo año y con las posibilidades que nos descubre.


Desde esta columna queremos recibir el Dosmilocho con un aplauso, por favor.

viernes, diciembre 28, 2007

Entre pañales lo encontraran


La democracia no es sólo un concepto; según Dolores Oller, tenemos que buscar la forma de que esta vieja palabra esté cargada de futuro, de ilusión, pero sobretodo de esperanza. ¿Incluso cuando vivimos asustados por lo que vaya a pasar mañana? ¿Aún cuando vemos que todos los intentos de pacificación y diálogo no consiguen muchos frutos? ¿Esperanza en tiempos de crisis? Parece contradictorio hablar de democracia, tal como la estamos viviendo ahora, y junto a ella pensar en un futuro de esperanza e ilusión. El significado de la navidad podría ayudarnos un poco.

"No teman, porque yo vengo a comunicarles una buena nueva que será motivo de mucha alegría para todo el pueblo." Lucas, uno de los cuatro evangelistas, nos relata así el anuncio que el ángel, enviado por Dios, transmite a unos pastores en una noche por demás estrellada. En esos tiempos el pueblo estaba viviendo sometido a un poder extranjero que lo oprimía, enfrentado por la violencia de grupos radicales que buscaban satisfacer sus demandas, y con una sensación de pesimismo porque pensaba que hasta Dios lo había abandonado. Cuánto más ahora estamos necesitados de una noticia, buena y nueva, que nos traiga alegría a todos.

En medio del caos, el pueblo de Israel sabía lo que estaba esperando, y lo deseaba con toda sus entrañas: un salvador, el Mesías. El anuncio del ángel continúa con la proclamación de la buena nueva: "Hoy ha nacido para ustedes en la ciudad de David un Salvador que es Cristo Señor." Por fin, Dios escuchó los ruegos de su gente y se apiadó de ellos. El Mesías llegó, y con él las ilusiones renacieron. La primera navidad trajo consigo, envuelta en papel de regalo, la posibilidad de soñar en un mundo mejor, más justo y más humano. Después de dos mil años todavía buscamos ese regalo escondido; es cosa de descubrirlo nuevamente y dejarnos inundar por la promesa que el ángel anunció a esos pastores de Belén.

Dios se encarnó en el pueblo haciéndose parte de su historia como uno más. Jesús, el Dios hecho niño, está entre ellos, esperando ser descubierto. Para que la búsqueda de los pastores no sea infructuosa, y para evitar el peligro del engaño, el ángel dio una pista importante: "En esto lo reconocerán: hallarán a un niño recién nacido, envuelto en pañales y acostado en un pesebre." Sí, es un bebé. El libertador no viene a caballo, rodeado de esplendor, ni cargado de armas y riquezas; está acostado en un pesebre y envuelto tan sólo en pañales. Ni siquiera es un niño nacido de princesa ni señora de alta sociedad, no está en una cuna ni en un hospital, tampoco su nacimiento ha sido motivo de noticia sino para unos cuantos cuidadores de ovejas. Y es ahí, en medio de esa pobreza y sencillez donde se encuentra la salvación. Nosotros tampoco nos dejemos engañar, la verdadera promesa de futuro, ilusión y esperanza no está en los cantos triunfalistas ni en las promesas demagógicas, no está en la división ni el enfrentamiento. Dios se ha hecho hombre en Jesús, el camino, la verdad y la vida. Busquemos en medio del pueblo, del auténtico resto de Israel; busquemos en los pesebres y entre los pañales.

Sin caer en las frases vacías y de tarjeta, oremos todos juntos para que esta Navidad pueda ser noticia y signo de un futuro lleno de esperanzas para todos los bolivianos y bolivianas.